This is default featured slide 1 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 2 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 3 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 4 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

This is default featured slide 5 title

Go to Blogger edit html and find these sentences.Now replace these sentences with your own descriptions.

sábado, 17 de febrero de 2024

Alimentación y diabetes:



 La Diabetes Mellitus es una enfermedad metabólica y crónica, no transmisible y de etiología multifactorial, producida por defectos en la secreción y/o acción de la insulina. Entre 90 y 95% de los sujetos afectados por esta patología presentan una Diabetes Mellitus tipo 2; esta modalidad clínica en sus etapas iniciales es asintomática y se observa preferentemente en las personas mayores de 40 años, la epidemiología de la Diabetes Mellitus (DM) tipo 2 muestra que 20 a 40% de los enfermos presenta alguna complicación en el momento del diagnóstico1. En Chile, el 15% desconoce su condición de diabético, en otros países esta cifra alcanza al 50%2.

En nuestro país, se estima que la prevalencia de Diabetes según la Encuesta Nacional de Salud (ENS) del 2010 es de 9,4%, duplicó la cifra determinada en la ENS del año 2003 en mayores de 20 años3. De los cuales el 80% de los casos de DM son clasificados en el tipo 2 (DM2)4.

La DM2 puede producir descompensaciones metabólicas y con el tiempo generar complicaciones crónicas como neuropatía, retinopatía, nefropatía y enfermedad vascular periférica. Asimismo, las personas afectadas por este problema de salud tienen 2 a 3 veces más riesgo de sufrir un infarto al miocardio y/o un accidente vascular encefálico5-8.

Aunque el control de la hiperglicemia es el principal objetivo para los tratamientos de DM2, su importancia en la prevención de las complicaciones crónicas de la DM se ha demostrado en el The United Kingdom Prospective Diabetes Study9.

La alimentación programada es uno de los pilares del tratamiento de la diabetes, en cualquiera de sus formas. Sin ella es difícil lograr un control metabólico adecuado aunque se utilicen medicamentos hipoglicemiantes de alta potencia. En muchos casos, junto al ejercicio, constituye la única medida terapéutica.

El plan de alimentación depende de la edad, género, estado nutricional, actividad física, estados fisiológicos y patológicos10. En relación con la alimentación, los hidratos de carbono (CHO) son fundamentales en el control de la glicemia, ya que determinan hasta un 50% la variabilidad en la respuesta glicémica11,12.

La recomendación para diabéticos es de 50 a 65% de la energía diaria, valores similares a las recomendaciones de población sana. Junto con la cantidad de CHO, el tipo de CHO puede modificar la respuesta glicémica, lo que explica aproximadamente un 40% de la varianza en la respuesta glicémica posterior a una comida11. La cantidad como el tipo de CHO determinan el 90% de la respuesta glicémica postprandial12. La elección del tipo de CHO puede ser una alternativa en la mantención de la glicemia en diabéticos.

El Índice Glicémico (IG) se introdujo para describir el grado en que los diferentes alimentos provocan diversos niveles de glucosa post prandial en sangre13. El IG se define como el área bajo la curva incremental de 2 horas en respuesta de la glucosa sanguínea después de consumir un alimento de prueba en comparación con el área correspondiente después de una cantidad de hidratos de carbono, equivalente a un alimento de referencia (ya sea glucosa o pan blanco)14,15. Cuando el alimento de referencia es el pan, el valor del IG del alimento se multiplica por 0,70, para obtener el valor IG comparable cuando se usa la glucosa como alimento de referencia (IG de la glucosa = 100; IG del pan blanco = 70.

La expansión de esta teoría a los niveles de insulina postprandial evocada por los alimentos o índice insulinémico de los alimentos también puede determinarse a partir de las correspondientes áreas adicionales de insulina en sangre16. Debido a que la insulina es la hormona que mantiene la homeostasis de la glucosa en sangre, un alimento o preparación podría inducir un mayor grado de concentración de insulina postprandial y por lo tanto dar lugar a la demanda de insulina mayor en el largo plazo17. La carga glicémica (CG), por el contrario es un concepto que resume tanto el IG como el contenido de CHO en el alimento y se considera que representa los efectos glicémico de un alimento18. Estudios demuestran que aquellos individuos que consumen productos de alto IG tienen un 41% de mayor riesgo de tener un síndrome metabólico, que aquellos que consumen dietas de bajo IG. El IG de un alimento será directamente proporcional a la velocidad de digestión, es decir, mientras mayor es la velocidad de digestión de un determinado alimento mayor será el IG. En consecuencia la respuesta glicémica de un alimento puede variar por diferentes factores, el más importante es el tipo de CHO18. Los cereales y tubérculos han sido considerados como las principales fuentes de CHOs en la dieta. Ellos no sólo son ricos en almidón, también contienen vitaminas, minerales, fitoestrógenos y oligo-elementos13.

Meng-Hsueh y cols.13 compararon el IG, CG y el Índice Insulinémico de cinco alimentos ricos en almidón que se utilizan tradicionalmente en la dieta China. Los resultados muestran que el arroz presenta el mayor IG. El continuo monitoreo de los niveles de glicemia en los pacientes diabéticos, es primordial para la establecer una correcta dietoterapia. Para esto último, es esencial valorar los exámenes de hemoglobina glicosilada (A1c). La A1c muestra el índice promedio de glucosa en sangre, durante los últimos 3 meses. Los valores deseables son los que están por debajo de 7%19. Estudios han demostrado que con cada reducción de un uno por ciento en el valor de A1c, el riesgo de complicaciones microvasculares se reduce en un 40 por ciento.

Se identifican una gran variedad de factores que influirán en el control glicémico y por ende, en la A1c, como lo son la edad, el género, la educación, estado civil, índice de masa corporal, la duración de la diabetes, los tipos de medicamentos administrados y el tabaquismo.

Un estudio realizado en Inglaterra, correlacionó variables como la dieta, alcohol y tabaquismo, con la A1c en la población en general. Los resultados demuestran que la A1c fue mayor en los fumadores que en los no fumadores. En cuanto a la dieta, los resultados muestran que la A1c fue mayor en sujetos que utilizaron grasa sólida para cocinar y no así en grasa proveniente de la leche, margarina ó mantequilla. Por lo tanto, en la población general el aumento de la A1c puede estar asociado con el tabaquismo y/o el consumo frecuente de alimentos que contienen grasa, mientras que el consumo de alcohol puede estar asociado con una disminución de la A1c20.

Desde hace 20 años existe un intenso debate, entre los que apoyan el uso del IG como una herramienta para controlar la glicemia y prevenir las enfermedades crónicas no transmisibles y otros que señalan problemas metodológicos relacionados con los indicadores para evaluarlo y evidencias insuficientes para afirmar los beneficios de su aplicación sobre la salud a largo plazo.

El IG categoriza a los alimentos que contienen CHO en relación a su capacidad de incrementar los niveles de glicemia (velocidad y magnitud). Varios son los factores que influyen en el IG: cantidad de CHO, naturaleza de los compuestos monosacáridos (glucosa, fructosa, galactosa), naturaleza del almidón (amilosa, amilopectina, interacción entre almidón y nutrientes, almidón resistente, cocción y procesamiento de los alimentos grado de gelatinización del almidón, tamaño de la partícula, forma del alimento, estructura celular, método de preparación, madurez), otros componentes alimenticios (grasa y proteína, fibra dietaria, ácidos orgánicos).

La mala calidad de la dieta influye más en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 que la obesidad:









La calidad de la dieta y la microbiota intestinal ligada a un patrón dietético saludable son másdeterminantes en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 (DM2) que la obesidad. Así lo demuestra un estudio desarrollado por investigadores del IDIBAPS y del CIBER Diabetes. Enfermedades Metabólicas (CIBERDEM) junto con el CAPSBE que ha publicado la revista 
Clinical Nutritionsta nueva investigación ha revelado que cuando se sigue una dieta sana, la presencia de obesidad no aumenta el riesgo de DM2, algo que sí ocurre en personasZcon mala alimentación. Este hallazgo podría cambiar la estrategia dietética en pacientes prediabéticos hacia enfoques centrados en una alimentación más saludable, en detrimento de dietas restrictivas enfocadas a la pérdida de peso.

Existe una relación directa entre la diabetes mellitus tipo 2 y la obesidad, que no solo incrementa el riesgo de tener la enfermedad, sino que también empeora la evolución de la patología y sus consecuencias. Dado que no hay cura para la DM2, frenar el desarrollo de la misma es uno de los principales desafíos para la investigación en este campo, que busca cómo evitar el avance de la fase de prediabetes, cuando el riesgo es muy elevado pero todavía prevenible. En esta fase, la pérdida de peso es una de las estrategias probadas para ralentizar el progreso de la diabetes.

Los mayores, más vulnerables a las dietas de pérdida de peso

Sin embargo, las personas mayores, con un riesgo un 50% superior de pasar de un estado prediabético a la diabetes, son también más vulnerables a las estrategias dietéticas para la pérdida de grasa basadas en la restricción calórica. Por ello, debe sopesarse el beneficio de estas dietas en este colectivo, ya que pueden provocar riesgos potenciales como sarcopenia, deterioro funcional, malnutrición y fragilidad.

Para valorar estrategias alternativas, en este estudio los investigadores siguieron la evolución de 182 pacientes mayores de 65 años con prediabetes, para analizar si los distintos patrones dietéticos que seguían estaban ligados a su condición de obesidad y cómo estos patrones podían influir en el riesgo de desarrollar diabetes. Para ello, se puso el foco en el análisis de la microbiota intestinal, que desempeña un rol esencial en el desarrollo de la DM2. La microbiota intestinal puede depender de los nutrientes que se consumen, aumentando o disminuyendo la concentración de diferentes tipos de bacterias.

Para valorar la interrelación entre dieta, obesidad y riesgo de enfermedad, se analizaron con técnicas de bioestadística los diferentes patrones dietéticos de los participantes y se dividieron los pacientes en cuatro grupos de estudio: personas con obesidad con dieta saludable, personas con obesidad con dieta no saludable, personas sin obesidad con dieta saludable y personas sin obesidad con dieta no saludable. Tras comparar la microbiota intestinal de los cuatro grupos, se pudo comprobar que ésta era más parecida entre sí dependiendo del tipo de dieta, independientemente de la condición de obesidad.

Patrón de bacterias patológico en la microbiota de pacientes con dieta insana

Los grupos con dieta no saludable (obesos y no obesos) mostraron mayor concentración de Prevotella y menor de bacterias ácido-lácticas y Faecalibacterium prausnitzii. “Teniendo en cuenta que la microbiota tiene un rol esencial en el desarrollo de la DM2, se observó que los grupos con dieta no saludable presentaban un patrón de bacterias con mayor riesgo patológico”, explica la doctora Diana Díaz Rizzolo, una de las coordinadoras del estudio.

Un estudio constata que mejorar el estilo de vida puede frenar el desarrollo de diabetes:

 




Una investigación prueba en la vida real que los programas de promoción de hábitos saludables desde el sistema de salud logran indicadores cardiometabólicos más favorables en personas con prediabetes. La diabetes se ha convertido en una amenaza de primer orden en todo el mundo. Por la dimensión del problema y el impacto en la salud que acarrea esta dolencia —es causa de ceguera, insuficiencia renal, infarto e ictus, entre otros—, la comunidad científica mira con preocupación el avance de esta epidemia creciente: las personas con esta enfermedad casi se han cuadruplicado en las últimas tres décadas hasta los 422 millones en 2014, según la Organización Mundial de la Salud, y las previsiones para 2030 es alcanzar los 578 millones de afectados, el 10% de la población adulta mundial. En un contexto en el que el sedentarismo, la mala alimentación y la obesidad, que azuza también el desarrollo de diabetes tipo 2, siguen al alza, los expertos se vuelcan en buscar cómo frenar esta afección, potencialmente prevenible en muchos casos. Un estudio publicado en la revista Nature constata en la vida real el éxito de una herramienta que ya había dado sus frutos en contextos controlados de ensayos clínicos: los programas de salud para mejorar el estilo de vida pueden frenar el desarrollo de la diabetes. La investigación, que evaluó el potencial de una intervención del Sistema Nacional de Salud del Reino Unido, demostró que la promoción de hábitos saludables logra mejorar los indicadores cardiometabólicos en personas con prediabetes.

Los hábitos de vida son, en muchas ocasiones, elementos clave para el desarrollo de una enfermedad: fumar, por ejemplo, eleva el riesgo de sufrir cáncer y el sedentarismo y el sobrepeso precipitan la aparición de problemas cardiovasculares. En estos casos, un cambio en los patrones de comportamiento puede prevenir algunas dolencias, retrasarlas o sortearlas durante un tiempo. La diabetes tipo 2 —la más común, el 95% de los casos son de este tipo— también es una de esas patologías asociada a hábitos poco saludables y un giro comportamental puede evitar que aparezca o ayudar a controlarla. En ensayos clínicos controlados, los programas de cambio de conductas ya han demostrado resultados eficaces para contrarrestar esta patología, pero entre la comunidad científica existía aún “controversia”, admiten los autores del artículo de Nature, sobre si estos resultados podían extrapolarse a la vida real, que es un entorno menos controlado que el de los ensayos y con recursos y apoyos más limitados.

domingo, 11 de febrero de 2024

Grasa en masa: el problema del consumo de comida poco saludable en adolescentes y jóvenes de Villa El Salvador

 

La mayoría de adolescentes y jóvenes del distrito limeño de Villa El Salvador (VES) prefiere consumir comidas altas en grasa que afectan directamente su estado de salud. Según el Instituto Nacional de Salud (INS), el sobrepeso y la obesidad afectan al 42.4% de los jóvenes y al 23.9% de los adolescentes peruanos.

En la variedad no está el gusto, sino el disgusto de saber que muchos adolescentes y jóvenes tienen una mala alimentación al preferir el consumo de comidas chatarra o platos altos en grasas. En el 2020, de las personas de 15 años a más en el Perú, el 39,9% tiene al menos obesidad, diabetes mellitus o hipertensión arterial, según la Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES-2020), del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).

Hay alimentos que prevengan la diabetes?


La Organización Mundial de la Salud define la diabetes como una enfermedad crónica que aparece cuando el páncreas no produce insulina suficiente o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce. Sin embargo, los hábitos de vida saludables que incluyan una dieta equilibrada, actividad física regular, y mantener un peso normal pueden prevenir la diabetes de tipo 2 o retrasar su aparición. En ese sentido, Antonio Pérez, presidente de la Sociedad Española de Diabetes,explica a CuídatePlus que la proporción de pacientes con prediabetes -momento en el que los niveles de glucosa en sangre comienzan a ascender- es muy alta. La edad es un factor de riesgo consustancial para desarrollar diabetes y, de hecho, el número de casos nuevos de prediabetes y de diabetes aumenta con la edad. 

“El factor añadido importantísimo es la obesidad. Si se consigue normalizar el peso y una alimentación adecuada podríamos reducir la diabetes hasta en un 70 u 80%. La epidemia de diabetes desde mitad del siglo XX está clarísimamente relacionada con los hábitos de alimentación, la falta de ejercicio físico y la obesidad”. 



 

Qué hay que comer para prevenir y controlar la diabetes tipo 2

 

Las cifras de la enfermedad se han disparado en las últimas décadas. Lo bueno es que, en la mayor parte de los casos, este tipo de diabetes se puede controlar con un patrón de vida adecuado en el que la comida es protagonista

Qué hay que comer para prevenir y curar la diabetes tipo 2
MASKOT (GETTY IMAGES)
Juan Revenga

La diabetes de tipo 2 es un trastorno metabólico caracterizado, inicialmente, por la resistencia a la insulina y que progresa de forma característica hacia el descenso de secreción de la misma. A pesar de todos los avances científicos en el terreno del diagnóstico y el tratamiento, la prevalencia de la diabetes mellitus ha crecido de forma espectacular en los últimos 60 años. Hay que tener en cuenta que se trata de una enfermedad no transmisible; igual que el cáncer o las enfermedades cardiovasculares, no se contagia. Así, y sin poder negar una cierta predisposición genética en su aparición, lo cierto es que los -malos- estilos de vida, relacionados con la falta de actividad física y mala alimentación, condicionan de forma significativa su diagnóstico.